6 jul. 2013

Prólogos de Arboribus (título provisional)

Little Red, prefacio:
Termino de abrocharme las altas botas, apretando bien los cordones, y tras ello me pongo la capucha de mi chaqueta. Me giro y veo al que fue mi amante anoche. Llevaba mucho tiempo sin sentir el calor de otro cuerpo humano, unos dos meses. Este tipo, que ahora duerme como un bendito bajo una manta de piel que él mismo debe haber hecho, me ha ofrecido un buen encuentro carnal, un cigarrillo, agua y algo de comida; además de cobijo durante una noche entera.
Me ha propuesto vivir juntos aquí, en su camión roto. Es un buen camión, y un buen hogar. La parte trasera se abre y se cierra con una enorme puerta metálica, y el tipo tiene dentro una pequeña casa caliente y acogedora. Yo, sin embargo, soy un lobo solitario. Lo siento por él.
Por eso prefiero irme con el alba, justo antes de que se despierte. Así será menos difícil para ambos, menos doloroso para él y, de paso, puedo agenciarme su paquete de cigarrillos.
Le dedico una última mirada, para no olvidarme de su aspecto de leñador, y luego levanto la puerta metálica del camión. Inmediatamente una ráfaga de aire frío y húmedo me sopla en la cara. Me agacho, cojo mi mochila, me la echo a la espalda y bajo del camión saltando.
Me subo en la bicicleta que tanto cuido y que dejé anoche fuera del camión, y comienzo a pedalear hasta que llego al olvidado asfalto de la carretera. Allí me siento observada, por lo que giro la cabeza parándome al poner un pie en el suelo, y me encuentro al tipo de anoche de pie, tapándose con la manta, mirándome con cierta pena en sus ojos.
Compartimos una intensa mirada durante un par de segundos, y luego yo me disculpo con él bajando la cabeza. Él asiente y se da la vuelta, asumiendo que voy a seguir mi camino. Y eso hago. Vuelvo a pedalear.
El día se presenta, como casi todos los anteriores, nuboso. Temo que comience a llover porque acabaré empapada, pero por algún motivo siempre encuentro refugio. Supongo que en ese sentido he nacido con estrella.
Dentro de un buen rato, cuando mis piernas me pidan un descanso, pararé para consultar mi mapa. Me dirijo a un punto en concreto y debo seguir carreteras. Tengo bastante claro como llegar, pero nunca está de más comprobar la ruta.
Espero encontrarme alguna gasolinera o algo por lo parecido para poder abastecerme de diversas cosas, aunque la mayoría de latas de conserva están caducadas desde hace varios años. En realidad debería adentrarme más tarde en el bosque para cazar algún conejo, algún ciervo o lo que se presente.
Pero entrar en el bosque es peligroso. Puede haber alguien de las tribus, y sé de buena mano lo peligrosos que son. Es por ellos que se construyeron las carreteras, gasolineras y demás servicios para el transporte justos. Ni más, ni menos. Los justos. Los de las tribus impiden la realización de cualquier cosa que ellos consideren en contra de la naturaleza.
Muchas carreteras están en pésimo estado por su influencia, al igual que hay muchas gasolineras abandonadas por lo mismo. Porque no pueden tirarlas abajo, que si no, lo harían.
Pero puedo entenderles. La construcción de todo esto supuso tirar abajo cientos, miles de árboles. Es destrozar el ecosistema de nuestro planeta. Es destruir nuestros propios recursos.
Suelto un segundo el manillar de la bicicleta para subirme el cuello alto del jersey que llevo bajo la chaqueta hasta la nariz, evitando así respirar directamente aire frío. Estoy acostumbrada a esto, a pasar horas y horas pedaleando y respirando este aire, pero fumar me está trayendo achaques.
He intentado dejarlo, pero no puedo. Hay una sensación extraña en ese humo infecto pasando por mi tráquea, llenando mis pulmones, y saliendo de nuevo. No me sabe bien, no me gusta en realidad, pero no se trata del sabor, si no de la relajación del acto de fumar. Y la relajación que llega después, una vez aliviado el ansia.
Me pregunto dónde dormiré esta noche. En los pinos, tal vez, como en tantas otras ocasiones. Al raso, en contacto directo con la madre naturaleza. Quizá en alguna gasolinera, quizá en alguna cueva que encuentre. A veces me gustaría tener una casa, como hace un par de años. Una casa caliente, que me protegiera de las variaciones del clima, donde tuviera alimento en una nevera, y que estuviera cerca de más casas para poder relacionarme con más gente.
Pero, aunque puedo volver a tener una, no quiero. Huí de todo aquello, de la ciudad. Huí de la noche a la mañana. Desaparecí. Me agobiaba. Soy un lobo solitario, un espíritu libre.
Aunque esos no son mis únicos motivos, por supuesto. Hay razones de mucho más peso. Razones que consiguen que no quiera volver a poner un solo pie dentro de una ciudad.
Entrecierro los ojos, obligada por una repentina ráfaga de aire que me devuelve a la realidad. Dentro de un rato sacaré mi mapa y estableceré un punto al que llegar antes del anochecer, teniendo en cuenta paradas para cazar, comer, descansar. Pero de momento, sigo pedaleando, porque aunque soy paciente, me gusta lograr mis objetivos cuanto antes.




Linnet, prólogo:
Un avión de papel sobrevuela el aula, distrayéndome de la lección de Física, y termina por aterrizar en mi mesa. Sé quién lo ha mandado. Nadie excepto él puede hacer que un simple avión de papel haga un recorrido tan perfecto, tan calculado, que evite cualquier posible mirada del profesor.
En su interior viaja una nota que sobresale. La saco, colocando el avión detrás del estuche, donde está protegido de posibles miradas del maestro, cuya voz queda suspendida en mis oídos.
“Eh, saltimbanqui, ¿esta tarde tienes tiempo para entrenar?”, dice la nota. Respondo velozmente que sí, tengo algo de tiempo, y luego se la lanzo haciendo que atraviese la clase con un simple chute.
Él la coge al vuelo, la lee y según me está respondiendo, suena el timbre. El profesor nos manda unos pocos deberes y luego sale del aula. Me levanto porque no aguantaba más sentado y me acerco a mi amigo.
- Tío, para eso, haberte esperado – le digo, como si le echara la bronca.
- No sabía qué hora era. Ya sabes, me molestan las cosas en los brazos – dice, enarcando una poblada ceja.
- Pero igualmente. Es última hora. Me lo podrías haber dicho cuando fuéramos a salir – digo.
- ¿Última hora? ¿EN SERIO? – pregunta, levantándose.
A modo de respuesta, me llevo una mano a frente y, tras mirarle mal en broma, me doy la vuelta para recoger mi pupitre. Le oigo reírse detrás y luego comenzar a recoger él también. Cuando estamos preparados, bajamos juntos las escaleras de nuestro centro de estudios, charlando, y caminamos de igual modo hasta llegar a un pequeño parque que hay cerca.
Allí dejamos nuestras mochilas sobre la hierba, él se arremanga y yo me descalzo completamente, incluyendo calcetines. Antes me daba un poco de asco andar descalzo por la hierba del parque, al fin y al cabo soy un chico de ciudad, pero ahora mismo me da igual, me he acostumbrado.
Me pongo en posición, apretando los puños frente a mí justo como hace él. Le observo, buscando cualquier indicio de un posible ataque, pero siempre acabo siendo yo el primero que ataca. A pesar de que él es más nervioso, tiene más paciencia que yo.
Así pues, me acerco a él y le ataco con un puñetazo directo a la cara, que él frena con su férreo brazo. Entonces levanto la rodilla y trato de descargar una fuerte patada en su cadera, pero frena mi ataque agarrándome con la otra mano. Entonces me levanta unos centímetros, como si tal cosa, y luego me tira unos metros más atrás.
El impulso, sin embargo, me permite una caída que se traduce en un salto directo hacia él. Intento nuevamente darle un puñetazo con mi izquierda, pero él me repele con una sola mano, parando todo mi impulso durante unos segundos para luego volver a echarme hacia atrás.
Vuelvo a caer con los pies y entonces aprovecho para hacer un rápido sprint. Le engaño, haciéndole creer que voy a propinarle un puñetazo con la derecha, cuando en realidad mi pierna izquierda es el peligro. Consigo así darle una patada tan fuerte que le propulsa tres metros alejado de mí.
Rueda una vez y luego se levanta con un único brazo, para venir directo hacia mí. Flexiono las rodillas, esperando el ataque de sus puños, y cuando le tengo cerca me encojo sobre mí mismo y hago que su estómago choque contra mi hombro.
Rueda sobre mí y pienso que va a caer al otro lado, cuando noto que agarra mi camisa del uniforme y tira de ella, haciendo que gire horizontalmente y que caiga de espaldas contra el suelo, al tiempo que él cae casi de cabeza.
Nos levantamos y continuamos nuestra lucha, nuestro entrenamiento, durante un rato más. Volveremos a casa llenos de heridas, de moratones y dolor; pero no nos importa. Hidr, que así se llama mi amigo, pelea conmigo con la única pretensión de mejorar. Yo peleo por eso, pero también por un motivo oculto. Algo que no le he dicho a nadie porque me tacharía de loco, y ciertamente es una idea alocada.
Pero tengo creencias propias, motivos para ser así de alocado. Sospechas. Algunos me llamarían conspiranoico, pero a mí algo me huele a chamusquina. Algo no encaja, y creo que hay mucha más gente que lo cree. 
Puede que esté equivocado, al fin y al cabo soy sólo un chaval que poco sabe del mundo o la vida, pero no pararé hasta encontrar las respuestas a mis preguntas. Y qué mejor manera de obtenerlas que directamente de aquellos que las tienen.




Ganadores de los concursos
Primer concurso: Let's be freaks, por Pao D'Cid.
Segundo concursoLabios de Tinta, por Road Kamelot.
Tercer concursoDiario idiota de una fugitiva de pega, por Abby Gall Kelevra.

5 comentarios:

  1. Amo todo lo que escribes *-* Es realmente intrigante. No tengo mucho tiempo así que no te dejo un comentario largo, pero lo amé. En especial el "algo me huele a chamusquina" xD
    -Pao

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ains, me halagas con eso de que amas todo lo que escribo *O* Y me llegas a la patata cuando dices que es intrigante, porque es lo que busco que sea :D
      Aunque no tuvieras tiempo, muchísimas gracias por haber dejado un comentario y por haber leído. Eres la caña, chica ;)
      Y bueno, la expresión de "algo me huele a chamusquina" no sé si se utilizará por El Salvador, pero por aquí es típica xDDDD
      Un besote, estupenda :3

      Eliminar
    2. Gracias *oh, stop it, you*
      Y la verdad, a pesar de que aquí se usan expresiones de lo más raras (como cuando te viene por primera vez, dicen "ya la asustó el viejito" (? o un montón de barrabasadas más), nunca había escuchado esa.
      -Pao

      Eliminar
    3. DIOX, "ya la asustó el viejito" LOLAZO XDDD
      Qué gracioso xD
      Aquí hacemos bromas con el tema de menstruación por un anuncio que hubo en la tele, que aparecía una mujer de rojo diciendo: "Hola, soy tu menstruación". Te dejo aquí el enlace porque en fin, es, como dicen por aquí, para mear y no echar gota (lo cual significa que algo te ha dejado más que sorprendido porque es surrealista o cosas así xD): http://www.youtube.com/watch?v=R1iqFskHtHo
      Y bueno, la de "me huele a chamusquina" significa, obviamente, que se sospecha de algo, igual que la de "aquí hay gato encerrado", que no sé si se utilizará por allí.
      En fin, expresiones xD Son únicas xD

      Eliminar
    4. Jajajaja, por una vez pude entrar a Youtube, ¡y eso está de lo más divertido! Y más que la Menstruación está de lo más emocionada *LOL!* Wow, esas expresiones de España. Totalmente diferentes xD
      -Pao

      Eliminar

¡Eh! ¡Ten cuidado conmigo! ¡Tengo una pierna! ¡Y puedo atacarte con ella en caso de no ser respetuoso en tu comentario! Así que vete con ojo...